La ministra de Economía, Katherina Reiche, genera controversia dentro de la CDU por su firme defensa de políticas previamente promovidas por Friedrich Merz. Si bien muchos en el partido aprueban su postura económica, sus acciones a menudo perturban la armonía dentro de la coalición gobernante. Reiche ha adoptado una línea más conservadora en materia económica, lo que ha provocado tensiones con otros partidos que conforman el gobierno. Esta situación plantea interrogantes sobre la cohesión interna de la CDU y la estabilidad de la coalición en su conjunto. Sus decisiones y declaraciones han sido interpretadas como un desafío al equilibrio de poder existente. La ministra parece dispuesta a priorizar sus convicciones políticas, incluso a costa de generar fricciones con sus socios de gobierno. Se debate si su actitud es una estrategia deliberada o una consecuencia inevitable de sus principios.