La Generación Z no se opone a la inteligencia artificial, pero manifiesta reservas sobre su implementación actual. Lejos de un rechazo absoluto, los jóvenes expresan escepticismo frente a las promesas exageradas y a los temores asociados a esta tecnología. Su aceptación depende de la construcción de confianza, lo que implica una mayor transparencia en el desarrollo y aplicación de la IA. El desafío radica en abordar las preocupaciones reales que existen sobre el impacto de la inteligencia artificial en el futuro. La generación demanda un enfoque más realista y ético en la integración de la IA en sus vidas. En definitiva, buscan participar activamente en la definición de un futuro tecnológico que se ajuste a sus valores y expectativas.