Un año después del alto el fuego entre Hamás e Israel, la hambruna y la desnutrición persisten en la Franja de Gaza. Niyaha al-Masri, una madre gazana, pasa diariamente más de seis horas haciendo cola en una cocina comunitaria con la esperanza de obtener alimentos para su familia. Según relató a AFP, sin la ayuda de grupos humanitarios, ella y sus ocho hijos no tendrían nada. La promesa de que el alto el fuego permitiría la entrada masiva de alimentos al territorio devastado no se ha cumplido. La situación revela la grave crisis alimentaria que continúa afectando a la población de Gaza. La dependencia de la ayuda humanitaria es extrema para muchas familias.

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