Un apostador realizó una apuesta de 2,6 millones de dólares contra la selección de Noruega en el reciente Mundial Femenino. La apuesta, inusualmente grande para el torneo, buscaba un premio potencialmente enorme. Sin embargo, Noruega avanzó en la competición, resultando en la pérdida total de la inversión. La operación generó gran atención debido a la magnitud de la suma arriesgada y el elevado premio en juego. Se considera una de las apuestas más significativas realizadas durante todo el campeonato. La identidad del apostador no ha sido revelada. Este incidente destaca la volatilidad y el alto riesgo asociado a las apuestas deportivas de gran envergadura.
