La ciudad francesa de Évian se ha convertido en un bastión de seguridad para la cumbre del G7, con un despliegue masivo de 20.000 policías y soldados. El espacio aéreo ha sido cerrado y buques de guerra patrullan el lago Lemán en busca de drones armados, reflejando una preocupación palpable por posibles amenazas aéreas. Sin embargo, fuentes oficiales señalan que la principal inquietud de los organizadores no reside en la seguridad física, sino en la imprevisibilidad del comportamiento del expresidente estadounidense Donald Trump, presente en el encuentro. Su temperamento volátil y potencial para generar controversia eclipsan, en cierta medida, las preocupaciones tradicionales de seguridad. La cumbre se centra en temas geopolíticos y económicos clave, pero la atención mediática se centra también en las interacciones de Trump con otros líderes mundiales. El elevado nivel de seguridad busca garantizar un desarrollo sin incidentes, a pesar del factor Trump.