Annie Coleman, representante del Stanford Center on Longevity, señala un posible aumento en la edad de jubilación para las generaciones venideras, estimando que podrían trabajar hasta los 70 años. Esta proyección se basa en factores económicos y demográficos que están transformando el panorama laboral. Coleman enfatiza la necesidad de que los trabajadores desarrollen una mayor resiliencia financiera para afrontar una vida laboral más prolongada. La experta subraya que los sistemas de pensiones actuales podrían no ser suficientes para sostener a una población envejecida. La planificación financiera a largo plazo y la adaptación a nuevas oportunidades laborales se presentan como estrategias clave. Este cambio implica una reevaluación de las expectativas tradicionales sobre la jubilación y la necesidad de políticas públicas que aborden este nuevo escenario. La resiliencia financiera se convierte, por tanto, en un pilar fundamental para asegurar un futuro económico estable.
