El texto reflexiona sobre la creciente tendencia de figuras mediáticas, o "showmen", a incursionar en la política. Rememora el escepticismo inicial que generó la candidatura de Donald Trump, desestimado por muchos como un simple payaso televisivo. Sin embargo, este desdén inicial contrastó con el posterior ascenso de Trump, impulsado por su propia imagen y ego. El artículo sugiere que los medios y una parte de la población estadounidense subestimaron a Trump, contribuyendo inadvertidamente a su éxito. La analogía plantea interrogantes sobre la capacidad de estos personajes para moldear la opinión pública y desafiar las normas políticas tradicionales. En esencia, ilustra cómo la política se ha vuelto un espectáculo mediático donde la fama puede superar la experiencia.

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