Un estudiante francés de 19 años en Singapur fue multado con 600 dólares singapurenses (casi 10.000 coronas checas) por lamer un popote y devolverlo a una máquina expendedora de jugo de naranja. El incidente, considerado una perturbación del orden público, inicialmente conllevaba una posible pena de hasta tres meses de prisión. Afortunadamente para el estudiante, las autoridades optaron por una sanción económica en lugar de encarcelamiento. El caso ha generado debate sobre las normas de higiene pública y las consecuencias de infracciones aparentemente menores en Singapur. Las estrictas leyes de Singapur buscan mantener altos estándares de limpieza y orden. La multa sirve como advertencia sobre la seriedad con que se toman estos temas en el país. El estudiante deberá ahora pagar la multa impuesta por su acto.

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