Francia experimentó el día más caluroso de su historia, con temperaturas récord que provocaron un aumento significativo en el número de fallecidos. La intensa ola de calor obligó a las autoridades a cerrar escuelas y monumentos emblemáticos en varias regiones del país. El fenómeno ha reavivado el debate sobre la vulnerabilidad de las ciudades francesas ante el calentamiento global y la necesidad de adaptar la infraestructura urbana. Se cuestiona el uso masivo de aire acondicionado y su impacto en el consumo energético. Las altas temperaturas generaron escenas de calles desiertas, mientras la población buscaba refugio en lugares frescos. Las autoridades sanitarias emitieron alertas y recomendaciones para proteger a los grupos más vulnerables, como ancianos y niños. La situación pone de manifiesto la urgencia de abordar los efectos del cambio climático en el país.
