La cumbre del G7, celebrada en Biarritz, Francia, estuvo marcada por la presencia dominante del presidente estadounidense Donald Trump y la crisis con Irán. Las negociaciones se centraron en la escalada de tensiones en Oriente Medio, con divergencias notables entre los líderes sobre la mejor manera de abordar la situación. Trump abogó por una postura más firme contra Teherán, mientras que otros líderes europeos buscaron mantener el acuerdo nuclear de 2015. Además de Irán, se discutieron temas como el comercio internacional, la economía global y el cambio climático, aunque estos quedaron eclipsados por la crisis regional. La cumbre evidenció las divisiones internas dentro del grupo de las siete economías más avanzadas del mundo. Se lograron algunos compromisos en materia económica, pero la falta de consenso en temas geopolíticos fue evidente. El presidente francés, Emmanuel Macron, como anfitrión, intentó mediar entre las diferentes posturas, sin resultados concluyentes.