El economista Charles Dennery aboga por superar el rechazo cultural francés hacia el aire acondicionado ante el aumento de las olas de calor. Argumenta que las medidas de adaptación pasiva en los edificios no serán suficientes para proteger a los grupos más vulnerables, como ancianos, niños y personas de bajos recursos. Dennery critica la postura de algunos discursos ecologistas que desincentivan el uso de la climatización, ya que considera que esta actitud podría afectar desproporcionadamente a las clases populares. Subraya la necesidad de considerar el aire acondicionado como una herramienta esencial para la salud pública en un contexto de cambio climático. El experto señala que la falta de acceso a sistemas de refrigeración podría agravar las desigualdades sociales durante los episodios de calor extremo. En definitiva, Dennery insta a una reflexión pragmática sobre la climatización en Francia, priorizando la protección de la población.