El aumento de olas de calor, incendios e sequías, intensificados por el calentamiento global, no necesariamente transforman la mentalidad pública sin un liderazgo político sólido. A pesar de la creciente frecuencia de estos eventos extremos, el cambio de comportamiento no es automático. Sin embargo, existe una demanda creciente de protección y medidas tangibles por parte de la población. Se percibe una necesidad de respuestas concretas ante los impactos del clima. La situación plantea interrogantes sobre si las catástrofes climáticas de 2026 impulsarán finalmente una evolución en las políticas francesas. La clave radica en la capacidad política para traducir la preocupación ciudadana en acciones efectivas. La falta de una respuesta política firme podría perpetuar la vulnerabilidad ante futuros desastres.