La selección francesa obtuvo el bronce en un emocionante partido contra Inglaterra, donde se marcaron un total de diez goles. El encuentro fue descrito como "cósmico" debido a la intensidad y el alto número de anotaciones. Ambos equipos demostraron un gran nivel ofensivo, llevando al público al límite con cada jugada. El resultado final refleja una batalla reñida, dejando a los aficionados con un espectáculo inolvidable. Esta victoria consolida a Francia como el tercer mejor equipo en la competición. El partido se caracterizó por la velocidad, la precisión y la determinación de ambos conjuntos en la búsqueda del podio.