Tras su independencia en 1776, los Estados Unidos emergieron como una confederación inestable y difícil de gobernar. Los diez años siguientes estuvieron marcados por una profunda crisis política y confusión institucional. Esta década fue crucial para la transición hacia una república federal con instituciones sólidas. La falta de un gobierno central efectivo dificultó la consolidación de la nueva nación. Finalmente, se establecieron las bases para un sistema político que permitió a Estados Unidos desarrollarse y proyectarse en el escenario histórico. Este período turbulento sentó las bases de la estructura gubernamental que conocemos hoy en día. La creación de una república federal fue un proceso complejo y prolongado.