El exembajador de la UE, Lars Anell, argumenta que la política agrícola y regional de la Unión Europea se ha vuelto excesivamente costosa y poco efectiva. En una carta publicada, Anell propone devolver la gestión de la política agrícola a cada país miembro, permitiendo así una mayor adaptación a las necesidades nacionales. Sugiere que los fondos actualmente destinados a estas políticas se redirijan hacia la financiación de investigación de vanguardia y el desarrollo de infraestructura paneuropea genuina. Anell considera que el modelo actual ha llegado a un punto muerto y requiere una revisión fundamental. Su propuesta busca optimizar el uso de los recursos europeos, priorizando la innovación y la conectividad. La nacionalización de estas políticas permitiría, según el exdiplomático, una mayor eficiencia y responsabilidad en la gestión agrícola.