Curtis Beasley, de 77 años, fue ejecutado en Flórida por el homicidio de Carolyn Monfort, un crimen cometido que le valió una condena a muerte en 1998. El Supremo de Flórida rechazó las apelaciones de la defensa, que argumentaban que la ejecución constituiría un castigo cruel e inusual. Esta decisión permitió que la ejecución de Beasley se llevara a cabo según lo planeado. El caso atrajo atención debido a la edad del recluso, generando debate sobre la aplicación de la pena capital a personas mayores. La ejecución se realizó en la prisión estatal de Flórida, marcando otro caso en la historia de la pena de muerte en el estado. La defensa argumentó que la larga espera en el corredor de la muerte también debía considerarse un factor atenuante.