Investigaciones recientes sugieren que los hijos no aspiran a un padre perfecto, sino a una figura paterna coherente en sus acciones y valores. La búsqueda de la perfección puede ser contraproducente, generando expectativas poco realistas y frustración tanto en padres como en hijos. En cambio, la coherencia, entendida como la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, fortalece el vínculo afectivo y la confianza. Esta consistencia en el comportamiento paterno se traduce en un modelo a seguir más efectivo y duradero para los hijos. La reflexión surge de un análisis sobre los atributos que definen a un padre memorable a los ojos de sus descendientes. El legado de un padre, por tanto, reside más en la autenticidad que en la ausencia de errores.
