En febrero de 1942, Carita Blomqvist, su madre y su hermano pequeño esperaban en el sótano de una oficina de correos en Helsinki para ser enviados a Suecia como refugiados. Se encontraban entre cientos de niños que participaban en este programa de evacuación debido a la guerra. Blomqvist relató las terribles condiciones del viaje, describiendo cómo se apiñaban tan estrechamente en la bodega del barco que todos contrajeron piojos. La situación reflejaba la desesperación de la época y los esfuerzos por proteger a los niños de los horrores de la guerra. Este testimonio ofrece una visión desgarradora de las experiencias vividas por los niños finlandeses durante el conflicto. El relato destaca la dificultad y el sufrimiento inherentes a la huida de la guerra en tiempos desesperados.