El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha sido acusado de subordinar el fútbol a intereses políticos, particularmente a los de Donald Trump. La elección de Estados Unidos como sede del Mundial de 2026, junto con Canadá y México, coincidió con las presidencias de Trump, sugiriendo una posible influencia. Investigaciones del New York Times revelan esfuerzos de Infantino para complacer al expresidente estadounidense durante ocho años. Esta relación ha llevado a críticas sobre la politización del fútbol bajo su liderazgo. Además, se cuestiona la creación de un premio de la FIFA enfocado en la paz, percibido como una estrategia para mejorar la imagen de la organización y de Infantino. La situación plantea interrogantes sobre la independencia de la FIFA y su compromiso con los valores deportivos.
