La Reserva Federal de Estados Unidos, bajo la dirección de su nuevo presidente Kevin Warsh, ha decidido mantener sin cambios los tipos de interés. Esta decisión contrasta con las expectativas generadas tras la designación de Warsh, quien fue nombrado por el presidente Trump con la promesa implícita de una bajada de tipos. La persistente inflación en EE.UU., exacerbada por la situación en Oriente Medio, ha influido en esta política monetaria restrictiva. Warsh enfatizó la importancia de la estabilidad de precios y reconoció la carga que supone la inflación para los ciudadanos estadounidenses. Su estilo de comunicación difiere notablemente del de su predecesor, Jerome Powell, siendo más reservado y evitando dar indicaciones claras sobre futuras decisiones de política monetaria. Esta estrategia busca dar mayor flexibilidad a la Fed, dejando a los mercados en incertidumbre. Existe debate interno dentro de la Fed sobre la necesidad de futuras subidas de tipos para controlar la inflación, y la mayoría de los responsables políticos no prevén bajadas de tipos en el próximo año.