La tendencia a inventar historias sin motivo aparente suele estar ligada a necesidades psicológicas subyacentes. Un impulso común es buscar atención y validación, aspirando a ser el centro de interés y generar conversación. Algunas personas fabrican relatos dramáticos, ya sean emocionantes o trágicos, para captar la atención de los demás y sentirse importantes. Otra motivación reside en la necesidad de autoafirmación, exagerando experiencias personales para proyectar una imagen más grandiosa de sí mismos. Este comportamiento también puede ser una forma de evasión o de lidiar con sentimientos de inferioridad. En esencia, la invención de historias responde a deseos humanos básicos de conexión, reconocimiento y autoestima.