La reciente ola de calor está poniendo en riesgo el suministro eléctrico estable del país. El clima ataca en múltiples frentes, incrementando el consumo de energía debido al uso masivo de sistemas de refrigeración. Además de aumentar la demanda, el calor extremo reduce la eficiencia de las centrales eléctricas y de los componentes de la red. Este fenómeno acelera el envejecimiento de la infraestructura eléctrica, requiriendo una modernización urgente. La situación exige una reevaluación fundamental del funcionamiento del sistema energético ante condiciones climáticas cada vez más extremas y frecuentes. La adaptación y la inversión en infraestructura resiliente son cruciales para garantizar un suministro energético confiable.

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