Los fenómenos meteorológicos extremos, como la sequía y las olas de calor, están afectando significativamente la producción de energía eléctrica. La disminución en la generación hidroeléctrica, debido a los bajos niveles de agua, contrasta con el aumento en la producción de energía fotovoltaica. Esta situación plantea desafíos para la estabilidad de las redes eléctricas, requiriendo ajustes y nuevas estrategias. La dependencia de fuentes de energía solar intermitentes exige una gestión eficiente para garantizar el suministro continuo. Los expertos advierten sobre la posibilidad de una crisis energética si no se toman medidas preventivas. Se necesita una evaluación integral del impacto del cambio climático en la infraestructura energética.