Una nueva ola de calor azota Europa, revelando la fragilidad de sus infraestructuras. Los hospitales italianos ya están saturados y las ciudades sufren las consecuencias del calor extremo. La situación afecta también a instalaciones críticas como las centrales nucleares a orillas del Danubio, preocupando por su correcto funcionamiento. El río Rin, vital para el comercio, también se ve afectado, complicando las rutas de transporte. Esta ola de calor transfronteriza pone de manifiesto la necesidad de prepararse para eventos climáticos extremos más frecuentes e intensos. La vulnerabilidad de la infraestructura europea se ha convertido en una preocupación urgente.