Una intensa ola de calor en Europa ha impulsado a expertos a replantear la adaptación al cambio climático. Armel Castellan, de la Organización Meteorológica Mundial, advierte que el calor extremo debe considerarse un desafío estructural para la salud pública, las infraestructuras y la sociedad en general. Según Castellan, las temperaturas actuales representan un punto de partida para futuros escenarios aún más cálidos. Las olas de calor ya no son eventos aislados, sino crisis complejas que impactan simultáneamente en la salud humana, los sistemas energéticos, la vivienda, la agricultura, el acceso al agua y los servicios de emergencia. La adaptación implica, por tanto, una revisión profunda del diseño de las infraestructuras para afrontar un clima más cálido y proteger a la población. Se hace necesario un enfoque integral que considere las múltiples consecuencias del calor extremo.