Las capitales europeas intentan ejercer influencia en el proceso de paz entre Estados Unidos e Irán, que comenzará con sesenta días de negociaciones tras la firma de un acuerdo preliminar. La preocupación principal radica en evitar un resultado que favorezca excesivamente a la República Islámica, especialmente en lo referente a su programa nuclear. Existe también inquietud sobre la situación en el estrecho de Ormuz. Los países europeos buscan participar activamente para asegurar un acuerdo que considere sus intereses de seguridad regional. La iniciativa europea se presenta como un esfuerzo por complementar y equilibrar las negociaciones bilaterales entre Washington y Teherán. Se espera que las potencias europeas presenten sus propias propuestas y preocupaciones durante las conversaciones. El objetivo final es lograr una solución diplomática sostenible y evitar una escalada de tensiones en la región.