Las recientes olas de calor exigen un cambio en la percepción económica, pasando de considerarse un problema estacional a un factor constante en la política económica europea. Expertos advierten sobre daños económicos significativos si Europa no se prepara adecuadamente para estos fenómenos. Hungría se encuentra particularmente vulnerable debido a la estructura de su economía y su alta susceptibilidad al aumento de las temperaturas. La situación demanda una adaptación proactiva y la implementación de medidas económicas que mitiguen los impactos del calor extremo. Ignorar esta amenaza podría resultar en consecuencias económicas graves y prolongadas para el continente. Se enfatiza la necesidad de integrar la gestión del riesgo climático en las estrategias económicas a largo plazo. La prevención y la inversión en resiliencia son cruciales para proteger la economía europea.