Los líderes de la Unión Europea han acordado renovar las sanciones existentes contra Rusia por un año completo, una primera vez en la historia de las medidas punitivas. Sin embargo, la aprobación de un nuevo paquete de sanciones se enfrenta a un posible veto por parte de Bulgaria. El presidente búlgaro, Rumen Radev, ha manifestado su oposición a las sanciones, exigiendo la exclusión de una empresa petrolera rusa, operadora de la única refinería del país, de la lista de sancionados. Adicionalmente, Radev se opone a las sanciones impuestas a un obispo ortodoxo ruso. Esta situación genera incertidumbre sobre la capacidad de la UE para mantener una postura unificada frente a la agresión rusa en Ucrania. La decisión búlgara complica las negociaciones y pone de manifiesto las divisiones internas dentro del bloque europeo. Se espera que la situación se discuta en futuras reuniones para buscar una solución.
