La Defensora del Pueblo, Ülle Madise, advierte sobre la creciente presión académica que sufren los niños. Argumenta que la educación no debería convertirse en una competencia constante donde el miedo al fracaso o a no acceder a la educación secundaria sea predominante. Madise enfatiza que los niños necesitan desarrollar coraje y resiliencia, no ser paralizados por el temor. Señala que esta ansiedad puede ser perjudicial para su bienestar y desarrollo integral. La defensora aboga por un sistema educativo que fomente el aprendizaje y la confianza en sí mismos, en lugar de la mera búsqueda de resultados. En esencia, Madise busca un enfoque educativo que priorice el desarrollo emocional y el bienestar de los estudiantes.