El 31 de agosto de 1994 marcó la salida del último soldado ruso de Estonia, poniendo fin a casi medio siglo de presencia militar extranjera. La retirada se produjo tres años después de que Estonia restaurara su independencia de la ocupación soviética, completando una fase crucial en la recuperación de su soberanía. La ocupación original por la Unión Soviética en 1940 llevó al despliegue de tropas en el país, seguida por la ocupación nazi alemana al año siguiente. El proceso de retirada fue complejo, requiriendo una diplomacia intensa y la presión de Occidente. Sorprendentemente, una sesión de vodka entre Lennart Meri y Boris Yeltsin jugó un papel insospechado en la resolución. Este evento simboliza la determinación de Estonia por su independencia y su capacidad para navegar por tensiones geopolíticas.