La crisis energética y las tensiones geopolíticas están acelerando la adopción de fuentes de energía renovables en Europa, más allá de los objetivos climáticos. En Bélgica, se están utilizando camiones que funcionan con energía eólica almacenada en baterías, un ejemplo de esta tendencia. La seguridad energética se ha convertido en un factor clave en esta transición. El aumento de los precios y la inestabilidad en el suministro de combustibles fósiles están incentivando la búsqueda de alternativas locales y sostenibles. Esta situación está redefiniendo el panorama energético europeo, priorizando la autonomía y la resiliencia. La inversión en renovables se considera ahora esencial para garantizar la estabilidad y la independencia energética del continente.