La selección egipcia logró una histórica victoria al remontar un marcador adverso frente a Nueva Zelanda, imponiéndose 3-1. Este triunfo representa la primera victoria de Egipto en una fase final de un Mundial. El partido comenzó con Nueva Zelanda tomando la delantera, pero Egipto reaccionó con una notable remontada. Mohamed Salah lideró el equipo egipcio, siendo clave en la victoria. El resultado clasifica a Egipto a la siguiente fase del torneo, marcando un hito en su historia futbolística. La actuación de Salah y la capacidad de reacción del equipo fueron determinantes para el éxito.