En 1967, el economista Guy Savy, junto a un socio, adquirió una isla en Guyana Francesa. Tras la compra, Savy se dedicó a la restauración del hábitat de anidación de los charranes sombríos, una especie de ave marina. Su esfuerzo incluyó la eliminación de depredadores y la remoción de palmeras, creando un entorno más favorable para la reproducción de las aves. Como resultado de estas acciones, la colonia de charranes sombríos experimentó un crecimiento significativo, pasando de 20.000 parejas a un millón. Las aves regresan anualmente a la isla para criar a sus polluelos, permaneciendo allí durante varios meses. Este caso ejemplifica el impacto positivo de la intervención humana en la conservación de la biodiversidad en Guyana Francesa.

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