Una investigación de la NOS ha revelado al menos doce casos de tortura infantil en los Países Bajos en los últimos cinco años, incluyendo encierro, ataduras, estrangulamiento y obligar a beber orina. A diferencia del maltrato infantil, que a menudo implica negligencia, la tortura infantil se caracteriza por la intención y el disfrute del poder sobre el niño. Expertos describen esta problemática como un “punto ciego” en el país, con falta de conocimiento y mecanismos de detección comparado con Estados Unidos. Los casos identificados provienen de sentencias judiciales públicas, pero se cree que el número real es mayor, ya que muchos pasan desapercibidos. Las escuelas juegan un papel crucial en la identificación de señales de alerta, pero los niños a menudo no son creídos cuando intentan denunciar. La psicóloga clínica Leony Coppens enfatiza que los perpetradores son hábiles para ocultar sus acciones, lo que hace que este problema sea difícil de abordar. Este hallazgo sugiere que los casos revelados representan solo la punta del iceberg.