Rachel Smith, una mujer condenada a diez años de prisión por narcotráfico, ha llevado su caso ante el Tribunal Superior. La prisionera solicita un permiso especial para poder congelar sus óvulos mientras cumple su condena. Esta petición surge como un intento de preservar su fertilidad a pesar de estar encarcelada. El caso plantea un debate jurídico sobre los derechos reproductivos de las personas privadas de libertad. Hasta el momento, su solicitud ha enfrentado obstáculos legales y administrativos. Ahora, el Tribunal Superior deberá decidir si se le concede el acceso a este procedimiento médico. El resultado de este juicio podría sentar un precedente para otros reclusos en situaciones similares.

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