El texto evoca un saludo desde la tierra de Chiyadma, un lugar que oculta su verdadera naturaleza a los visitantes. En medio de sus rocas crecen el árbol de argán y el olivo, símbolos de resistencia y apego a la tierra y a la memoria colectiva. Se sugiere que la dureza de este paisaje no es antagónica a la vida, sino una de sus primeras escuelas y pruebas. El autor reflexiona sobre la capacidad de adaptación y perseverancia que se encuentra en este entorno desafiante, donde incluso la maquinaria moderna tiene dificultades para operar. La referencia a Ceuta insinúa un viaje o una conexión entre este lugar remoto y la ciudad española. El texto, publicado en Hespress, una publicación electrónica marroquí, presenta una atmósfera poética y contemplativa sobre la vida en el norte de Marruecos.

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