En el campo de desplazados de Kigonze, cerca de Bunia, en la provincia de Ituri, República Democrática del Congo, la prevención del Ébola se ve comprometida por la falta de acceso a agua potable y las condiciones de hacinamiento. Residentes como Furha Jeannette, madre de cuatro hijos, enfrentan largas esperas para obtener agua, un recurso esencial para la higiene y la prevención de enfermedades. La situación en el campo refleja una crisis humanitaria más amplia en la región, donde el desplazamiento forzado agrava los riesgos sanitarios. La combinación de la amenaza del Ébola y la escasez de recursos básicos crea un ambiente particularmente vulnerable para la población desplazada. Las autoridades sanitarias advierten sobre la dificultad de controlar brotes de Ébola en estas condiciones. La falta de infraestructura y la densidad poblacional complican las medidas de contención y prevención.
