La criminalidad persiste en Dhaka, Bangladesh, a pesar de los esfuerzos policiales. Los delincuentes catalogados permanecen activos, y aunque se arrestan a los ejecutores de los crímenes, los instigadores logran evadir la captura. Las investigaciones suelen estancarse si los casos no reciben atención mediática. Existe una preocupación creciente por la falta de progreso en el control de la delincuencia organizada. La policía enfrenta dificultades para identificar y detener a los cerebros detrás de los actos criminales. La situación plantea interrogantes sobre la eficacia de las estrategias actuales de seguridad pública y la necesidad de reformas en el sistema de justicia. La impunidad contribuye a la continuidad de la actividad delictiva en la capital.