El texto analiza una tendencia preocupante en la sociedad contemporánea: la creciente dependencia del ciudadano respecto a estructuras externas. Se advierte sobre un modelo que fomenta la exigencia de derechos sin una contrapartida en el cumplimiento de deberes. Esta dinámica, según el autor, erosiona la responsabilidad individual y crea individuos proclives a demandar sin asumir compromisos. La crítica se centra en la formación de ciudadanos que priorizan sus prerrogativas sobre su contribución al bien común. Se sugiere que esta actitud corrosiva debilita el tejido social y compromete la capacidad de autogobierno de la sociedad. El autor plantea una reflexión sobre la necesidad de equilibrar derechos y obligaciones para una ciudadanía más madura y comprometida.