Al menos 30 personas han muerto desde mayo en el campamento de desplazados de Kigonze, en la República Democrática del Congo, exacerbando una creciente crisis humanitaria. Las causas de las muertes aún están siendo investigadas, pero coinciden con una renovada preocupación por el posible resurgimiento del Ébola en la región. Las condiciones de vida en el campamento, con alta densidad de población y acceso limitado a servicios básicos, facilitan la propagación de enfermedades. Organizaciones humanitarias han expresado su alarma por la situación y la falta de recursos para atender a la población vulnerable. La combinación de desplazamiento forzado, inseguridad alimentaria y la amenaza de brotes epidémicos crea un escenario de extrema urgencia. Las autoridades sanitarias locales están reforzando las medidas de vigilancia y prevención para contener cualquier posible caso de Ébola.
