La selección checa de fútbol participa en el Mundial de Norteamérica tras una clasificación lograda tras veinte años, superando a Irlanda y Dinamarca en eliminatorias. En ambos partidos, el equipo checo demostró solidez mental en las tandas de penales, igualando el marcador 2-2 tras la prórroga y ganando finalmente. Este éxito evoca la histórica calma y precisión mostrada por Antonín Panenka hace cincuenta años, considerado un pionero en la ejecución de penales con sutileza. La participación checa en el torneo actual se presenta como una continuación de la tradición futbolística iniciada por Panenka. El equipo busca ahora replicar el éxito de antaño en el escenario mundial. Su clasificación es vista como un hito para el fútbol checo.
