La central hidroeléctrica de bombeo de Dlouhé Stráně, en Jeseníky, celebra 30 años de funcionamiento, consolidándose como una infraestructura energética crucial para la República Checa. Construida entre los años 60 y su puesta en marcha en 1993, la planta utiliza una gran reserva de agua, creada mediante excavaciones con dinamita en la cima de la montaña Mravenečník, para almacenar energía. Según su director, Ludvík Štrobl, la instalación está preparada para abastecer hasta 200.000 hogares en caso de apagones. Dlouhé Stráně funciona como una "batería hidráulica", permitiendo almacenar energía en momentos de baja demanda y liberarla cuando es necesaria. La planta representa un hito en la ingeniería energética checa y juega un papel importante en la estabilidad del suministro eléctrico. Su aniversario subraya la importancia de la infraestructura para afrontar posibles crisis energéticas.
