El número de personas condenadas a penas de prisión ha disminuido ligeramente desde principios de año. Este descenso es el resultado de una reforma penal que flexibilizó las sanciones por robos menores recurrentes y el impago de pensiones alimenticias. A pesar de esta tendencia a la baja, las prisiones checas mantienen un nivel de ocupación crítico, alcanzando aproximadamente el 97 por ciento de su capacidad. Esta situación evidencia que la reducción de nuevas condenas no ha aliviado significativamente el hacinamiento carcelario. Por otro lado, la coalición gubernamental ha expresado su preocupación respecto a estas medidas. Consideran que algunos de los cambios implementados son excesivamente benevolentes hacia los infractores. Debido a esto, el gobierno planea endurecer nuevamente una parte de las penas actuales.