Europa, y especialmente la República Checa, experimentó a finales de junio días peligrosos con temperaturas superiores a los cuarenta grados. Los expertos advierten que la situación podría repetirse esta semana, lo que obligará a medidas paliativas como el riego de calles y la instalación de nebulizadores. Sin embargo, señalan la ausencia de planes de crisis específicos para afrontar estas olas de calor, similares a los que existen para las inundaciones. La falta de preparación podría agravar los efectos negativos en la salud pública y la infraestructura. Se subraya la necesidad de desarrollar estrategias preventivas y de respuesta ante el aumento de la frecuencia e intensidad de las olas de calor debido al cambio climático. La situación actual evidencia una brecha en la gestión de riesgos climáticos extremos.