La severa crisis energética que atraviesa Cuba ha derivado en medidas de racionamiento inusuales, afectando incluso a la Iglesia Católica. Varios sacerdotes han confirmado haber recibido instrucciones para limitar la distribución de las hostias consagradas durante las misas. Esta situación, sin precedentes, refleja la magnitud de los cortes de luz frecuentes que azotan la isla. La escasez de electricidad impide la producción suficiente de estos elementos esenciales para la eucaristía. La medida ha generado preocupación entre los feligreses y pone de manifiesto el impacto generalizado de la crisis en diversos ámbitos de la vida cubana. El gobierno no ha emitido una declaración oficial al respecto, pero la situación confirma el deterioro de la infraestructura y la economía del país.