Adil Abduramanov, un tártaro crimeo residente en Kiev pero con familiares en la península ocupada, describe una situación tensa en Crimea en relación al suministro de combustible. Según sus fuentes, la información sobre la llegada de gasolina a las estaciones se filtra al público antes que a los empleados mismos. Esta situación pone de manifiesto problemas logísticos y un creciente nerviosismo en la región. Abduramanov señala que persiste la sensación de que la narrativa rusa sobre una presencia permanente en Crimea ya no es tan sólida como antes. Este cambio en la percepción se vincula directamente con las dificultades que enfrentan los residentes en aspectos básicos como el acceso a combustible. La dinámica actual sugiere una pérdida de control y predictibilidad en la península ocupada.