Un zoólogo de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Comenský en Bratislava y colaborador científico del Museo de Historia Natural de Viena, plantea una inquietante pregunta sobre el futuro de la humanidad. El autor sugiere que vivimos en una era donde el desarrollo tecnológico supera con creces la evolución biológica humana. Las tecnologías cambian a un ritmo vertiginoso, en meses o incluso semanas, mientras que las bases biológicas que permitieron su creación permanecen relativamente estáticas. Este desequilibrio plantea el peligro de que la inteligencia artificial, producto de nuestra propia innovación, se convierta en una fuente de riesgo existencial. La velocidad del cambio tecnológico podría superar nuestra capacidad de adaptación y control, con consecuencias impredecibles. La reflexión invita a considerar si los mismos logros que nos han llevado al éxito podrían, paradójicamente, ser la causa de nuestra destrucción.