El Banco de Costa Rica, un edificio majestuoso construido en mármol y ladrillo, ha sido olvidado y destruido con el tiempo. Francisco Gómez Rodríguez, el arquitecto responsable de esta y otras obras emblemáticas, parece haber sido también borrado de la memoria colectiva. La desaparición del banco representa una pérdida significativa para el patrimonio arquitectónico de San José. Su diseño y construcción eran testimonio de una época y un estilo particular, ahora relegados al olvido. Esta pérdida subraya la importancia de la preservación de la historia y la arquitectura. La falta de reconocimiento a Gómez Rodríguez y la demolición de su obra plantean interrogantes sobre la valoración del patrimonio cultural costarricense. El banco, una vez un símbolo de progreso, ahora es un recuerdo distante.