La designación del fiscal Carlos Negro como Ministro del Interior sorprendió debido a su falta de experiencia política previa. Su gestión ha generado polémica, especialmente por sus reacciones confrontacionales ante las críticas a su administración, consideradas por algunos como agresivas y fuera de tono. Negro ha argumentado que las críticas de la oposición atentan contra la democracia, una afirmación que ha sido cuestionada. Observadores señalan que el uso del Ministerio del Interior como plataforma política personal y el desprestigio de la Fiscalía son más perjudiciales. La situación plantea interrogantes sobre la independencia de la Fiscalía y la politización de un cargo clave en el gobierno. La controversia se centra en la opacidad de su gestión y su respuesta a las críticas recibidas.
