El nuevo panorama geopolítico se centra en el control de minerales estratégicos esenciales para tecnologías emergentes y la transición energética. Este control no recae únicamente en los estados, sino también en puntos de estrangulamiento a lo largo de las cadenas de suministro globales, generando tensiones. El modelo federalista de algunos países, como Estados Unidos, complica la gestión de estos recursos y la formulación de políticas coherentes a nivel nacional. La competencia por estos minerales redefine la economía política internacional, impulsando nuevas alianzas y rivalidades entre naciones. La concentración de la producción y el procesamiento en pocas entidades plantea riesgos para la seguridad económica y la autonomía tecnológica de muchos países. La investigación destaca la necesidad de diversificar las fuentes de suministro y fortalecer la resiliencia de las cadenas de valor. Este escenario exige una reevaluación de las estrategias industriales y comerciales a nivel global.